28 de diciembre de 2006

Fábulas

Recuerdo mi infancia entre fábulas. Aprendí que el ratoncito Pérez me consolaría cada vez que un diente se me cayera. Que el hombre del saco salía por las noches para llevarse a los niños. Que los reyes magos (y más tarde Papanuel) me traerían un regalo por navidad si me portaba bien. Y me enseñaron, durante años, que un tal Jesús murió por mí (toma sentimiento de culpa para el resto de tu vida, has matado a alguien que ni siquiera conoces), que Dios se encuentra en todas partes y sabe lo que hacemos (pórtate bien, que Dios te juzgará y castigará), que cuando muera, si soy bueno, iré al paraiso independientemente de como sea mi vida (confórmate con lo que tienes, no te quejes, se bueno, que Dios sabrá recompensarte), que hay pecados que hacen peligrar mi entrada en el cielo (pecados dictados por el representante de Dios en la tierra, ni más ni menos, el Papa, o lo que podría ser el ratoncito Perez hecho realidad), etc.

En algún momento de la infancia uno se entera (por merito propio o porque alguien destapa la farsa) de que ni el ratoncito Pérez, ni camuñas, ni el hombre del saco, ni el sacamantecas, ni Papanuel, ni los reyes magos existen en realidad. Esto supone un batacazo enorme en ocasiones y no dudo de que ha provocado traumas en algunas mentes infantiles (¿Quizás las mismas que luego son sacerdotes o creen en los espiritus?). Sin embargo, la gran mentira religiosa, la fábula total de la Biblia, es mantenida y perpetuada generación tras generación. La existencia de Dios es tan cierta como la existencia del ratoncito Pérez. Es una fábula mantenida por cobardía, está tan inmerso en nuestra cultura el miedo que preferimos creer que habrá algo tras nuestra muerte (sea lo que sea) que aceptar que cuando morimos todo se acaba. Además esta fábula es una herramienta idonea para el control de la población, para adoctrinar con una moral única, con la "verdad" suprema; para organizar cruzadas y guerras santas; para justificar asesinatos e injusticias; para mantener una jerarquía mafiosa que enriquece a sus capos; para controlar paises en nombre de Dios y para justificar invasiones y genocidios por la fe.

¿No es más bonito pensar que nuestros familiares y amigos nos hacen regalos como muestra de su amor que pensar que unos desconocidos nos regalan algo porque toca?¿No es más bonito pensar que esta vida es la única que tendremos y que hemos de aprovecharla en cada instante? ¿No es mejor disfrutar de la vida que sufrirla? ¿No es mejor beber vino que la sangre de cristo? (además de más sano y menos sádico).

Abramos los ojos a la vida, maduremos, no somo niños, olvidemos las fábulas y enfrentémonos a la realidad. Somos lo que somos y la vida es tal y como se presenta a nuestros ojos, nos guste o no. Si te gusta tu vida, disfrútala, vive! Si no te gusta, cámbiala, lucha!

Tengo que agradecer la inspiración a estas "fechas tan señaladas" y al lúcido ensayo de Michel Onfray "Tratado de Ateología".

1 comentarios:

Ana dijo...

Coincido contigo en muchas de las cosas que planteas. Creo que esas fábulas y la doctrina religiosa en la que se basan han hecho mucho mal en nuestras mentes, induciendo sentimientos de culpabilidad innumerables y una forma de control basada en el miedo y el castigo. Con la Psicología en la mano, os informo, oh jerarcas religiosos, ¡de que eso no funciona! Y que hayan pasado miles de años y todavía no os hayáis dado cuenta...
También coincido en que es infinitamente más bonito recibir un regalo sabiendo que proviene de las personas a las que quieres (además a mí esos Reyes Magos de Cabalgata de pueblo que, sospechosamente, se parecían a amigos de mis padres, siempre me hicieron llorar).
Y sin ninguna duda, creo que debemos disfrutar cada momento de esta vida en lugar de ir de mártires y sufridores.
Pero a pesar de todo esto, me sigue generando problemas el tema de la muerte. Porque pensar que la gente a la que quiero desaparecerá me angustia enormemente. Quizá no he madurado suficiente en ese aspecto.