Como miles de personas antes, me dispongo a comentar y recomendar a traves de este blog algunos de los libros que lea y me entusiasmen. El de hoy, y primero de la serie es: "¿Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas?" de Philip K. Dick (1928-1982).
Todo aficionado a la ciencia ficción, tendrá como una de las películas míticas del género a "Blade Runner", por su ambiente opresivo, sus planteamientos filosóficos, sus preguntas acerca de la esencia del ser humano... bueno, que me pongo pedante. Todo ello sale de la novela en que se basa, la que hoy nos ocupa, lectura imprescindible para cualquier amante del genero o visitante ocasional. No quedará defraudado. Imagino que sobre esta novela ya se habrán vertido miles de opiniones, todas mas versadas que la mía. Me limitaré a recomendarte su lectura, te atrapará desde el primer capítulo, estos son cortos y se leen con avidez, ya sabes, libro ideal para el transporte público o para disfrutar de esos breves momentos de soledad que de vez en cuando nos permitimos. Esta novela hasta te hará pensar, fijate, es de esos libros que tienen la peculiar cualidad de hacerte preguntas... que Mercer te guie a través de sus palabras.
5 de junio de 2006
¿Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas?
Publicado por
Jose "Veli"
a las
10:41



1 comentarios:
-Los androides no parecen capaces de ayudarse unos a otros en momentos difíciles.
-Tiene usted razón. Aparentemente carecemos de un don específico de los humanos. Creo que se llama empatía.
Mercer lo sabía; ella también lo sabe. Y es perder el tiempo pedirle nada a un androide; nada hay que pueda conmoverse en su interior.
-Hola -dijo él.
Tenía un tajo en la mejilla, la ropa gris y arrugada, hasta el pelo estaba saturado de polvo. Las manos, la cara... había polvo por todas partes, excepto en los ojos, que brillaban como los de un chico. Parecía que hubiera estado jugando y que hubiera decidido que ya era hora de volver a casa... a descansar, bañarse y contar los maravillosos sucesos del día.
Sostuvo en alto la caja de cartón con ambas manos. Entró sin soltarla, como si hubiera en ella algo muy frágil o valioso. Quería conservarla perpetuamente en las manos.
Él se sentó sin separarse de su caja, y sin perder la mirada de asombrada alegría. Nunca, desde que lo conocía, le había visto esa expresión. Le había ocurrido algo desde su partida, la noche anterior. Y ahora había vuelto y aquella caja había venido con él. En la caja estaba lo que le había ocurrido.
-¿Qué hay en la caja?
-Un sapo
-¿Puedo verlo?
Él desató la caja y alzó la tapa.
-Pensé que estaban extinguidos.
Estiró la mano para coger el animal.
Pero Iran había descubierto algo: mientras lo sostenía cabeza abajo y tocaba su abdomen, abrió con la uña el diminuto panel de control.
-Oh -dijo Rick, demudado; ah, ya veo, tienes razón.- Miraba en silencio al seudoanimal. Lo cogió en la mano y jugó con sus patas; y todavía en ese momento parecía no comprender. Luego lo puso cuidadosamente en su caja-.
-Quizá no debí haberte dicho que era eléctrico.
-No -respondió Rick-. Me alegro de saberlo. O mejor dicho, prefiero saberlo.
-¿Quieres usar el órgano de ánimos, para sentirte mejor? Siempre te ha servido, mucho más que a mí.
-Estoy bien-.
Que Mercer te guíe a través de sus palabras...
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